La liquidez es la capacidad de convertir un activo en dinero en efectivo de forma rápida y sin perder valor. El dinero de tu cuenta corriente tiene liquidez total: lo tienes disponible al instante. Un piso, en cambio, tiene liquidez muy baja, porque venderlo puede llevar meses. Entender la liquidez es clave para no quedarte sin dinero disponible cuando lo necesitas.
Puedes tener mucho patrimonio pero poca liquidez, y eso es un problema. Si todo tu dinero está en un piso o en inversiones a largo plazo y surge un imprevisto, no puedes acceder a él rápido sin vender (posiblemente en mal momento). Por eso siempre conviene tener una parte líquida disponible.
La regla práctica: tu fondo de emergencia debe estar en algo totalmente líquido (una cuenta remunerada), mientras que el dinero que no vas a necesitar en años puede estar en inversiones menos líquidas pero más rentables. Se trata de equilibrar disponibilidad y rentabilidad según cuándo vas a necesitar cada euro.
Normalmente, cuanto más líquido es un activo, menos rentabilidad ofrece (una cuenta corriente da 0%), y cuanto menos líquido, más puede rentar (un piso, un depósito a plazo). No es bueno ni malo: es cuestión de tener cada tipo de dinero en el sitio adecuado.