Una tarjeta de crédito te permite pagar ahora con dinero que te presta el banco, y devolverlo después: normalmente a fin de mes de golpe, o en cuotas. Usada bien (pagando todo a fin de mes), es una herramienta útil e incluso con ventajas. Usada mal (pagando a plazos), es uno de los productos que más deudas y más caras genera.
Aquí está todo. Si a fin de mes pagas el total de lo gastado, no pagas ni un céntimo de intereses: has usado el dinero del banco gratis durante unas semanas. Pero si eliges "pagar a plazos" o el "pago aplazado", el banco te cobra intereses que suelen ser altísimos (20-25% anual o más).
Las tarjetas suelen ofrecer, a veces por defecto, pagar una cuota fija mensual pequeña. Suena cómodo, pero es una trampa: los intereses se acumulan sobre lo que queda por pagar (el temido crédito revolving) y puedes tardar años en saldar una compra pequeña. Revisa siempre que tu tarjeta esté en modo "pago total a fin de mes".
Configúrala para que se pague íntegra a fin de mes, úsala para tus gastos normales, y así aprovechas sus ventajas (seguros, comodidad, a veces devoluciones) sin pagar intereses nunca. La tarjeta de crédito no es mala; el pago aplazado sí.